miércoles, 24 de marzo de 2010

La Guerrilla en Málaga: Ramón Vías


Ramón Vías, el líder guerrillero
Por José Aurelio Romero Navas (Málaga)

En la España de la posguerra, la guerrilla fue una forma de lucha contra el poder establecido. En Málaga, como en otras regiones, las zonas montañosas fueron el lugar elegido por la resistencia antifranquista.

Dos casos concretos, los de Ramón Vías y Alfredo Cabello, son narrados en este artículo, que resume las biografías de ambos líderes, y analiza los procesos en los que se vieron envueltos hasta su caída, así como una serie de personas que se vieron involucradas por azar.

Antecedentes de Ramón Vías Fernández.
Según informa André Sorel en su libro "Búsqueda, reconstrucción e historia de la Guerrila española del siglo XX, a través de sus documentos, relatos y protagonistas", Ramón Vías nació el 31 de agosto de 1911 en el Puente de Vallecas. Su padre , Ignacio Vías, era carpintero y su madre, Carmen, también ayudaba al sostenimiento del hogar, pues era planchadora y murió cuando Ramón tenía 11 años.

Con esa temprana edad comenzó Ramón a trabajar en un taller de fundición y, según detalla Sorel, cuatro años después, a los 15 años, Ramón Vías Fernández ya era especialista vaciador, aunque seguía con su salario de aprendiz. En otros informes se indica que el oficio de Ramón Vías fue el de cuchillero. Otro dato que conocemos, por medio de un documento oficial, es que estaba casado en Madrid, con Julia López Velasco.

Además de su trabajo, Ramón continuaría ayudando a su padre en su taller de carpintero, practicando el boxeo en sus ratos libres. A los 20 años ingresa en la UGT, y pronto se da a conocer por su dialéctica, pasando a ser miembro del comité de huelga de los metalúrgicos madrileños que, entre otras cosas, reivindicaban la jornada laboral de 40 horas semanales de la que hoy, 60 años después, es un derecho laboral que disfrutamos como algo normal, pero que en aquellos años era una reivindicación revolucionaria para el poder establecido.

Durante los años del gobierno republicano y hasta los comienzos de la guerra, Ramón, nuestro personaje estará enmarcado en el ala izquierdista del partido socialista, y es entonces cuando conoce por primera vez la cárcel, ya que es detenido al acudir al hospital a visitar a un compañero herido en un enfrentamiento con los Guardias de Asalto.
Gracias a sus dotes dialécticas, que según los que le conocieron las consideraban arrebatadoras, Ramón Vías sería nombrado vocal del Comité del Sindicato, y como tal, desempeñó una labor activa en los prolegómenos de la revolución minera de Asturias de 1934.

Durante la Guerra Civil se dedicó a dar mítines políticos en Madrid y en provincias, y participó en los asaltos o los Cuarteles de la Montaña, Carabanchel y Vicálvaro. Posteriormente, se incorporó a la Columna de Acero, en la que llegó a ser instructor del Cuerpo de Ejército, participando en la lucha de Somosierra. Hay que añadir que para estas fechas ya militaba en el Partido Comunista.

Sorel, que es quien creemos que es quien está mejor documentado en este aspecto, señala que Ramon Vías fue Subsecretario de Armamento en Albacete, aunque otros autores señalan, en cambio, que durante el periodo final de la guerra no tuvo ningún cargo de relevancia. Sobre este particular es el general Ángel Ruiz de Ayúcar en su libro "El Partido Comunista: 37 años de clandestinidad" quien, aunque con brevedad , señaló todo lo dicho por Sorel, y a quien cita como fuente informadora, aseguró que Ramón Vías no tuvo una actuación destacada durante la guerra.

En los últimos días de lo contienda tuvo lo oportunidad de salir de España, huyendo de las represalias de los vencedores, por el puerto de Alicante, embarcándose en un barco llamado "Stambrook" junto con 3.500 exiliados más.

Para completar este periodo acudimos a la historia oral. Enrique Urbano, un veterano guerrillero a quien entrevisté en numerosas y poseedor de una portentosa memoria, me contaba que cuando él tenía 13 o 14 añosy, por lo tanto, no estaba muy enterado de lo que sucedía, le pareció verlo con su tío, apodado "El Duende", y con otro guerrillero de Nerja, llamado Joaquín Centurión, iban a ver a su tío por asuntos de la Guerrilla, aunque a él le decían que trataban del contrabando de tabaco, que era uno de las actividades a las que se dedicaba su tío, si bien tuvo complicaciones por la ayuda que prestó en los primeros desembarcos de guerrilleros que venían desde el norte de África.

Cuando Enrique Urbano "Fermín" decidió ingresar en la guerrilla malagueña, Ramón Vías ya había muerto, pero su recuerdo estaba vivo entre los guerrilleros, que comentaban cómo se dedicaba a prestar ayuda a los campesinos en la recolección de la cosecha, a la vez que trataba de infundirles un espíritu de ayuda y colaboración hacia el movimiento guerrillero.

El general de la Guardia Civil Francisco Aguado Sánchez opinaba que Ramón era más un político que militar, y así lo hizo notar Ramón Vías en los pueblos de la Axarquia, donde daba charlas a los jornaleros y organizaba reuniones de trabajo.

Tampoco existen demasiados datos sobre su etapa africana. Tenemos que apoyarnos en André Sorel que es quien aportó más datos sobre el exilio, y en este aspecto casi coincide, tal y como podremos observar, con los declaraciones que ante el juez haría Ramón Vías.

Apenas desembarcado -al final de la guerra civil- es trasladado o un campo de concentración, el de Camp Moran, donde se encontraban hacinados 5.000 refugiados republicanos españoles. La vida era insoportable porque, además de las altísimas temperaturas, les hacían trabajar durísimamente en la construcción del ferrocarril, pero, a pesar de tanto sufrimiento, encuentra tiempo para profundizar su formación marxista a través de la lectura, y además se preocupará de instruir a sus compañeros de presidio, enseñando a escribir y leer o los analfabetos.

1940. Exiliados republicanos en un campo de concentración argelino

Conseguiría huir del campo de concentración argelino y a comienzos de 1940 aparece en Argel trabajando en la clandestinidad. Durante esta eta pa editó el periódico «Lucha Social» en el que es ayudado por una mu¡er llamada Remedios, hija de refugiados españoles y que viviría con él.
Año y medio después, en agosto de 1941, es detenido al acudir a una reunión pero consigue escapar tirándose desde una ventana al patio y desde allí a la calle, y aunque es perseguido de cerca por la policía, consigue despues de arrojarse por un terraplén, burlar a sus perseguidores. Es de nuevo remedios la que cuidaria de él en los días posteriores a su espectacular fuga.

Continuaría en la clandestinidad hasta que, el 8 de noviembre de 1943, los americanos entran en Orán poniendo fin, de momento, a sus sufrimientos, pues incluso Remedios, que estaba en prisión, es puesta en libertad. Entonces Ramón decide que es hora de actuar y hacer todo lo posible para erradicar la dictadura de Franco, por lo que determina enrolarse en la incipiente Guerrilla. Cree que los días del franquismo están contados y que sólo hace falta dar un poco de ánimo e ilusión a los campesinos para acabar con la oprobiosa dictadura. En contraprestación, los campesinos brindarán a los guerrilleros los recursos necesarios para que éstos puedan subsistir.

Sierra Nevada, una de las principales zonas de actuación guerrillera de la Agrupación Málaga-Granada
Ramón Vias en Málaga: la guerrilla

Desembarca en Málaga desde Orán y, al parecer realiza un viaje a Madrid, aunque para el 8 de Abril de 1945 ya está de regreso en Málaga y dispuesto para su marcha a la sierra. A partir de aquí comenzaría su corta etapa guerrillera a la que vamos a acceder a través de su Procedimiento Sumarísimo que es el 1431/45.

Curiosamente en este voluminoso procedimiento, figuran más datos de todos aquellos que en él aparecen complicados, que los actos imputables al propio Ramón Vías, cuando lo cierto es que casi todos ellos tienen un papel muy secundario, incluso algunos se ven involucrados en el mismo de la forma más absurda que se pueda pensar.

Salares, lugar habitual de habituallamiento guerrillero

Así, de los ocho encartados que figuran detenidos en la Causa (Ramón Vías Fernández, Eugenio Navarro Montero, Manuel Fernández Cumbre, Francisco García Banderas, Pedro Roger Gutiérrez, Josefa Gutiérrrez León, Dolores Nieto Jurado y Salvador Villena Tomé), podría decirse que sólo Eugenio Navarro está complicado con toda certeza, y que dos de ellos, Dolores Nieto Jurado y Salvador Villena Tomé tendrían una mediana relevancia aunque también cabe que hubiesen sido victimas del azar, mientras que los otros cuatro son totalmente inocentes y, por supuesto, nada conocían acerca de la guerrilla.

De todos ellos el que realmente tiene una implicación directa es Eugenio Navarro, no en vano será la persona que entregue a la policía a Ramón. Del resto nos ocuparemos posteriormente, pero diremos que fueron acusados de ser "supuestos cómplices y encubridores de los bandoleros de la sierra"

Declaraciones de Eugenio Navarro y detenciones sucesivas
Todo comienza el 16 de Noviembre, fecha en que es detenido Eugenio Navarro en la Estación de Ferrocarriles de Málaga cuando estaba a punto de escapar de su aventura guerrillera. Al ser detenido presenta su documentación per-sonal a nombre de Manuel Fernández Cumbre, pero ya en comisaría y en el primer interrogatorio confesó que su nombre era Eugenio Navarro, de 33 años, soltero, albañil, natural y vecino de Badajoz, calle Costanilla no. 17. y que si había usado la cédula personal y el salvoconducto extendido con otro nombre, había sido para trasladarse hasta Badajoz ya que a toda costa deseaba salir de la pesadilla en la que se encontraba, porque, no pudiendo aguantar más, había huido de la sierra, y ya en Málaga, estaba haciendo todo lo posible por huir. Para ello, y conociendo lo difícil que resultaría moverse sin documentación, le com-pró a Manuel Fernández Cumbre la suya, con el compromiso de devolvérsela una vez hubiese llegado a Badajoz.

En el interrogatorio se le inquiere por su actuación durante la guerra a lo que contesta que, entre otros lugares, estuvo en el frente de Teruel, y que no pudiendo soportar más la situación, se automutiló disparándose en la mano derecha, lo que le ocasionó la pérdida del dedo corazón, siendo detenido por esta causa, aunque pudo eludir sus responsabilidades destinándosele a servicios auxiliares en el puerto de Alicante.

Allí se encontraba Eugenio cuando la desbandada final, por lo que consiguió embarcarse en un mercante inglés, el "African Trade", el 18 de marzo de 1939, que lo llevó, junto con otros dos mil compatriotas, hasta Orán, donde fue recluído en un campo de concentración en el que pasó los dos años siguientes hasta que, con la entrada de los norteamericanos, fue puesto en libertad.

Al constituirse en Argelia el partido de «Unión Nacional» formó parte del mismo y fue en ese momento donde conoció a Ramón Vías. Un día le dijeron que tenía que formar parte de un grupo de diez guerrilleros para venir a España a preparar su liberación, ya que el momento de un cambio político se aproximaba y había que aprovechar la ocasión, para lo que se embarcó en un falucho de nacionalidad francesa, si bien los que lo pilotaban, un tal Belmonte junto con otro marinero llamado Caparrós, eran españoles.

La travesía duró dos noches, llegando en una madrugada de octubre de 1944 a una playa de La Herradura, cerca de Almuñécar (Granada).

EI grupo guerrillero expedicionario lo componían: "Ramón Vías Fernández, del que sabe que es madrileño, del Puente de Vallecas, de oficio cuchillero y afiliado al Partido Comu-nista; Alfonso Armenta, también madrileño, de quien sabe que su mujer regenta una panadería en la calle Argumosa y que fue sargento del ejército durante la guerra; Joaquín Centurión Centurión natural de Nerja que fue quien sirvió de práctico para la conducción del grupo a la sierra; Antonio Pascual, natural de Cartagena, sargento de arti-llería antes de la guerra; Manuel Lozano Laguna natural de Villanueva de la Serena, conocido por «el Practican te»; Arturo Moreira, rad¡otelegraf¡sta gallego que había pertenecido a la Armada; Manuel joya Gallego, natural de La Línea de la Concepción; otro del que sólo sabía que se llamaba Perico, que fue grabador de la Casa de la Moneda, que es de Madrid y, por último, un tal Aguayo, natural de Málaga.

"Recuerda que antes de embarcar fueron armados por Ramón Vías con cuatro fusiles ametralladores americanos, seis pistolas y un Colt de gran calibre, además de 150 proyectiles por pistola y otros 250 para cada una de las otras armas. Además, fueron provistos de cinco granadas y un aparato radio transmisor de cuyo manejo estaba encargado Moreira.

"En la Sierra tuvieron varios vivacs, estando él encargado de la cocina. Añade que apenas habían transcurrido 15 días cuando Aguayo se marchó a Málaga, no volviendo más, y que, aproximadamente al mes de haber llegado, también se fue a Málaga Ramón permaneciendo allí entre 25 y 30 días sin que pueda decir a lo que fue. Seña-la, que también se marchó, en este caso a Madrid, Perico, y que Ramón, cuando había transcurrido un mes, vol-vió a marcharse a Málaga, según dijo, para una misión de tipo político-organizativa, dejando como responsable de la unidad guerrillera a Joaquín Centurión.

Parece ser que Eugenio no estaba bien integrado en el grupo, por lo que Joaquín Centurión le propuso que se marchara a Málaga para encontrarse con Ramón, y que éste le proporcionase un trabajo de carácter político. Sorprendentemente, éste se niega a la propuesta de Centurión, y es a partir de ahí cuando Eugenio nota que sus compañeros recelan de él hasta el punto de que, en una ocasión Pascual le puso el cañón de su escopeta en una pierna, y aunque luego le pidió disculpas, comenzó a desconfiar de lo que podía sucederle, por lo que planeó huir en el momento que le fuese más oportuno. Para ello contaba con las 4.000 pesetas que le había entregado Joaquín Centurión, con ocasión de un reparto que se hizo después de haber efectuado un golpe económico de importancia.

La deserción de "Eugenio"
A partir de la huida de Eugenio suceden en cadena las complicaciones para las personas que por necesidades económicas o sólo por echar una mano a quien lo necesitaba, se cruza-ron en su camino.

"La Villenica"
La primera de éstas sería Dolores Nieto Jurado «La Ville-nica», de 58 años, casada, de profesión sus labores y natural de Torrox. Su implicación en el asunto proviene de haber viajado en el mismo autobús que recogió a Eugenio en los alrededores de Torre del Mar y haber entablado conversación con él. La charla (según consta en su declaración discurre por los cauces normales, Eugenio le dice que es de Cómpeta, que ha vendido unas cabras y que está harto de campo por lo que, con lo que le han dado para unos ahorros, piensa establecerse en la capital, poner una taberna o una tienda de verduras... pero el problema es que no conoce a nadie en Málaga por lo que le pregunta si ella no conocería a alguien, aunque sólo sea para hospedarse hasta ver qué hace, a lo que ella le dirá que no, que va de paso para La Línea donde tiene un hijo trabajando.

Implicados

Una vez que el autobús - el popular "Alsina"- llegaba a Málaga era normal, en aquellos tiempos, ver a la gente arremolinarse a su alre-dedor. Había gente que esperaba a sus familiares, otros eran curiosos ociosos, los que venden mostachones, o aquellos que, por 3 o 4 pesetas, les llevaban las maletas o bultos hasta su destino a los viajeros. Entre és-tos últimos se encuentra Salvador Villena, El Grajo, un muchacho que es de Torrox y que, entre otros menesteres, se dedicaba a este oficio. Al verlo, Dolores piensa que este hombre puede ayudar a Eugenio cobijándolo en su casa o en algún otro lugar, pero éste le dice que no cono-cía a nadie por lo que no le podía ser útil.

Uno de los populares "Alsina" de la época

Pero por la tarde, se le presentaron en la posada donde se alojaba Salvador Villena «El Grajo» este mismo hombre acompañado de un hijo de "La Villenica" y con la misma petición, por lo que los acompañó hasta un puesto de churros que había en la Malagueta, regentado por María Gutiérrez "La Rubia", para ver si podía solucionarle el problema a Eugenio.

Efectivamente, esta mujer le dice que en su casa no es posible, pero que probablemente su vecina, María Fajardo Rivas, pueda alojarlo. Así sucedió, llegaron a un acuerdo par el que María le permitía dormir en su domicilio de calle Cervantes no.20, siempre que él comprase el colchón y la manta. Esta mujer, que tenía 45 años y era viuda, se vio también envuelta por tratar de aliviar su economía, albergando a alguien con quien no tenía ninguna relación. Fue detenida igualmente y permaneció en la Prisión de Mujeres desde el 26 de noviembre hasta el 14 de diciembre.

Otro implicado es Manuel Fernández Cumbre, que habitaba en calle Cervantes no.11 y con quien Eugenio entabló conversación, diciéndole que era marinero y que había perdido el barco y la documentación. Manuel, que estaba muy necesitado de dinero (vive en una habitación y en una única cama, además del matrimonio, duermen sus cuatro hijos) se brinda a cederle su cédula personal por 175 pesetas, además de comprometerse a pedir un salvoconducto que le sirviera para poder marchar a Badajoz.

En el Puerto de Málaga
Pedro Roger Gutiérrez y Francisco García Banderas eran estibadores del Puerto de Málaga y conocían a Eugenio de vista y de charlar alguna vez que otra entre carga y descarga, fu-mando algún cigarrillo juntos. Los dos se ofrecieron o acom-pañarle y llevarle la maleta hasta la estación cuando vie-ron a Eugenio el día que se marchaba a Badajoz.

No conocemos por qué razón Eugenio es detenido en la estación, pero la casualidad o el azar, a veces, hacen que personas que nada tienen que ver, se encuentren involucradas en un problema grave, como era el caso, ya que este asunto era considerado como terrorismo, como les ocurrió o Fernández Cumbre, Pedro y Francis-co, y a María.

Otro es el caso de Dolores Nieto y de Salvador Villena, los que posiblemente, sobre todo Dolores, tuviesen algo que ver en el asunto, porque no hay que descartar que en ocasiones cuando algún guerrillero necesitaba desplazarse hasta la capital, la manera más segura de hacerlo era ir acompañado de una mujer, ya que así pasaban como si fuesen un matrimonio, y despertaba menos sospechas ante la Guardia Civil. ¿Pudo en esta ocasión haberse utilizado esta táctica?

Los informes de la "La Villenica"

Además, Dolores Nieto "La Villenica" vivía en Torrox, un pueblo donde muchas personas simpatizaban con la guerrilla, y de hecho algu-nas formaban parte de la misma, por la que no es descartable que esta mujer fuese un enlace de los guerrille-ros malagueños, entre los que al parecer contaba con algún pariente. Los informes que de ella envía la Alcaldía de Torrox al Juez en nada la favorecen ya que señalan que "esta mujer carece de buenos antecedentes, siendo enemiga del Régimen, así como todos sus familiares, ya que incluso un hijo de esta mujer fue fusilado a la entrada de los nacionales en el pueblo, y que cree que ha estado implicada en el com-plot comunista que la Guardia Civil descubrió en e/ pueblo no hace un año".

Cuando alguna persona era detenida por motivos políticos, se solía utilizar por parte de sus amigos o conocidos un documento por el que se avalaba a dicha persona. En muchas ocasiones eran los propios familiares del deteni-do, quienes pedían las firmas a las personas más influyentes de la localidad, y en este caso no iba a ser menos. Una hija de Dolores fue la encargada de este menester, para lo cual comenzó por el párroco del pueblo, don Bartolomé Fayeras LIinás, hombre de gran personalidad y carácter, como lo demostró en este caso,6 encabezando el escrito en el que señalaba que en los cuatro años que llevaba al frente de la Parroquia de Torrox podía asegurar que "era mujer de buena conducta, en lo que cabe en las mujeres de su clase".

Esta carta fue también avalada con las firmas de los principales del pueblo: Manuel Jurado Jiménez, Rafael Sánchez, José Castro Mena, Manuel Sánchez Olmo, Salvador Robles Olalla, Francisco Sánchez Olmo, Fer-nando Castro Mena, José Castro Fernández, Juan Salas, Manuel Salas, Salvador Ortega Márquez, Fernando Mira Castro y Francisco Mira Castro. Todos ellos se vieron en problemas para firmar la carta, pues, cuando ésta le llega al juez, éste escribe al alcalde de Torrox, para pedirle una aclaración sobre el tema, y éste le contesta que han debi-do de escribir a la ligera, por lo que se les debe imponer una multa.

Así ocurrió, pues el juez les envía a todos ellos una carta de citación por lo que tendrán que trasladarse a Málaga, y explicarle el porqué del aval a esa mujer, y si realmente conocen los motivos por los que Dolores estaba detenida. Incluso tuvo que acudir José Costra, hombre ya de 80 años y que había enviado un certificado médico en el que se indica-ban sus achaques. Todos ellos declararon que lo hicieron por compromiso, sin que supieran realmente lo sucedido.

Una vez detenido, Eugenio manifestaría en la Comisaría de Policia los aspectos que ya conocemos, y darían como resultado las detenciones ya relatadas, pero faltaba la principal, ya que según declaraba a la policía, cuando apenas llevaba en Málaga unos seis días, tuvo la mala suerte de encontrarse en calle Carretería, y próximo a las escaleras que dan al puente sobre el Guadalmedina, con Ramón Vías, quien después de la sorpresa inicial del encuentro, Ramón le pidió explicaciones de su abandono de la sierra y, cuando él le contó lo sucedido, Ramón trató de con vencerle de que estaba equivocado, y que debía regresar.

Después tuvo dos citas más con él en la Plaza de la Merced y concretamente, una a las 19,00 horas del mismo día en que había sido detenido, para desde allí emprender los dos el camino de la sierra, siendo éste el motivo de su precipitada huida, ya que Eugenio no deseaba de ningún modo regresar a la sierra.

Palacio de la Aduana, Málaga. Antigua sede de la temida Brigada Político Social

Detención de Ramón Vías
A partir de ahí, todo el aparato policial se pone en marcha para capturar a Ramón Vías, y es el propio Eugenio quien se ofrecerá para acompañar a los policías y señalar quién es. Rápidamente varios inspectores, acompañados de Eugenio, acuden a la plaza de la Merced y allí, una vez señalado, Ramón es detenido, no sin presentar una fuerte resistencia, como lo demuestra que dos de las inspectores tuvieron que acudir a la Casa de Socorro para ser atendidos de contusiones en diversas partes del cuerpo.

Plaza de la Merced, Málaga, lugar que vio nacer a Pablo Picasso, presidida por el monumento en memoria al general liberal Torrijos y sus compañeros, fusilados en las playas malagueñas de San Andrés, en 1831, víctimas la traición del gobernador de Málaga, antiguo compañero de armas de Torrijos. Un siglo más tarde, en esta plaza sería detenido por la Brigada Político Social el líder guerrillero Ramón Vías Fernández, no sin una dura resistencia por su parte, que mandaría a dos inspectores a la Casa de Socorro a raíz de las contusiones. En la comisaría de la BPS sufriría un durísimo interrogatorio durante varios días. Ramón Vías es ingresado en la Cárcel de Málaga, donde es recibido como un héroe, y después de dos espectaculares fugas, vuelve a ser delatado y localizado su refugio. Junto con sus compañeros de fuga mueren todos a causa "del intercambio de disparos" con la Guardia Civil, el 27 de Septiembre de 1946, en Granja Suárez, cerca del Hospital Carlos Haya.

La ficha que se le hace en Comisaría señala que ha sido detenido Ramón Vías Fernández de 34 años, casado, cuchillero, hijo de Ignacio y Carmen, natural de Madrid, con domicilio en calle Sol Ortega, Puente de Vallecas.

El 18 de Noviembre de 1945, en los locales de la Brigada Político Social, ante el inspector instructor, prestará sus primeras declaraciones, y afirma que desde 1932 pertenecía a la UGT, en el sindicato metalúrgico denominado "El Baluarte", sección de cuchilleros, habiendo sido únicamente delegado de la Comisión de Oficio de dicha Sección, y que nunca ha sido detenido por delitos de índole político-social ni por comunes.Declaraciones de Ramón Vías

Al estallar el Alzamiento, Ramón Vías siguió trabajando en su oficio hasta la movilización de su quinta de 1931, siendo des-tinado a la 12a División, 35a Brigada del Cuarto Cuerpo del Ejército que mandaba Cipriano Mera, siendo el Jefe del Batallón Ramón Mercader, perteneciente al POUM, estando de campaña en Hita, Guadalajara, de donde salió para el frente de Madrid, sector Villaverde Vallecas encuadrado en la 73a Brigada Mixta.

Señala que su ingreso en el partido comunista se produjo durante su permanencia en Hita y que fue aquí, en el frente de Madrid, donde realizó toda lo campaña, hasta que tuvo que salir huyendo al sobrevenir el hundimiento del mismo, tomando lo dirección de Alicante donde permaneció dos días hasta lograr embarcar en el buque inglés "Stanbrook", en el que partió hacía Orán y en cuyo puerto y permanecieron un mes sin bajar a tierra los 2.000 hombres que habían salido en dicho barco desde España.

Una vez desembarcados, fueron conducidos por los franceses al campo de concentración "Rabi-Blanch", y de éste pasaron al de "Camp Moran" donde fue destinado a un Batallón de trabajadores forzados y conducido a Bu Alfa, para lo construcción del ferrocarril transahariano.
Cuando entraron las tropas norteamericanas, se encontraba en Argel, ya que había sido reclamado por una familia de origen español, aunque de nacionalidad fran-cesa. Allí permaneció hasta que comenzó o organizarse el "Bloque de Unión Nacional", compuesto por distintas organizaciones políticas, ingresó en el mismo pero sin ocupar ningún puesto de relieve ni tampoco se destacó en reuniones ni mítines, aunque si que asistía o los actos que desde este organismo se realizaban. Señaló que los cursillos y conferencias se daban en Orán, y no en Argel, siendo los organizadores de los mismos un tal Simón y Ramón Ormazábal.

Un día, Ormazábal le comisionó para que junto con otros nueve hombres, embarcaran en una lancha de motor, con objeto de desembarcar en España, recibiendo las instrucciones pertinen-tes, además de armamento, uniformes y municiones, y haciéndosele responsable y jefe de la expedición. Se le interrogó sobre los componentes de la expedición y coincide con los nombres ya ofrecidos por el delator Eugenio Na-varro, sólo que es mucho más parco que éste, por ejemplo de Joya, "el Mellao" dice que es "un simple guerrillero andaluz, y que no conoce más datos".

Se le insiste en que diga quiénes pilotaban lo lancha, su nacionalidad , y el material que traían y contesta que la barca era de nacionalidad francesa, pero que cree que los que la pilotaban eran dos españoles, aunque ignora sus identidades, y que no traían propaganda. Apenas desembarcados, emprendieron lo marcha hacia la sierra estableciendo el primer campamento en un lugar que no recuerda y posteriormente, en un sitio denomina-do Río de lo Miel que es un término anejo de Nerja, de donde es oriundo Joaquín Centurión. Allí permanecieron casi 4 meses, posando posteriormente o la Cueva de la Montés, que está próxima al Cerro Lucero (Sierra Tejeda), siendo aquí cuando Aguayo se separó de la partida ya que, según declaró, tenía que cumplir una misión encargada previamente por Ormozábal. A raíz de esto, quedaría él, Ramón Vías, como úni-co responsable y jefe de la Partida.

En febrero de 1945, recibió por mediación de Joaquín Centurión, una nota de Aguayo para que se entrevistase con él en Málaga, en la plaza de la Merced, cosa que hizo, acudien-do o la cita durante dos dias y a la hora acordada, pero que aquél no se presentó por lo que decidió volverse a lo sierra.

En cuanto a la pregunta de cuáles fueron sus actividades guerrilleras, de cómo vivían y el dinero con que contaban, dirá que al salir de Orán, Aguayo traía unas 12.000 pesetas que le había dado Ormazábal , y que con ese dinero paga-ban los víveres que necesitaban, además de que los campe si nos les entregaban voluntariamente productos de la tierra y así fue mientras él estuvo al frente de la Guerrilla, pues no permitió que se cometieron saqueos, es más, conociendo que otra partida que también merodeaba por aquellos parajes, había saqueado el cortijo denominado Cueva de Colica, fue o entrevistarse con ellos afeándoles su conducta y que a partir de entonces, tres de los componentes de aquella partida se pasaron a suya. Tampoco envió anónimos con exi-gencias y amenazas pidiendo dinero, porque tenía claro que su actividad consistía en esperar el derrumbamiento del régimen fascista.

Por el mes de agosto, Ramón Vías volvió de nuevo a Málaga, con el propósito de trabajar en la UNE, organización Unión Nacional Española, porque su idea era la de borrar las diferencias exis-tentes entre los españoles, y que no hubiese más eso de "rojos y fascistas". No obstante, se dio cuenta de que no ha-bía ambiente para ello, y que cuando habló con algunos individuos, comprendió que desconfiaban de él, tratándo-le de agente provocador.
Viendo este panorama, Vías declara que desistió de su empeño, y se dedicó o buscar trabajo ya que aparte de su oficio, era hábil en trabajos manuales, pero no lo consiguió y, como no disponía de dinero, ha dormido más de una noche debajo del puente del río Guadalmedina o en la misma playa de Málaga.

Aquí Ramón Vías les hace recordar a sus interrogadores que en los primeras momentos, había señalado que había cohabitado con una mujer durante su estancia en Málaga por lo que le piden que díga quién es y su domicilio, a lo que Ramón se negaría ya que «por tratarse de una mujer ca-sada, no puede decir quién es ni dónde vive, ya que el decirlo supondría el deshonor de la misma".

En cuanto al armamento dice que no se trajo ninguno de la sierra y de dinero unas 600 y pico pesetas. Los interrogadores no creen que haya dormido en sitios propios de mendigos con el dinero que le quedaba cuando fue detenido, y además siendo portador de un reloj de oro marca Cyma y que no se le ocurriese venderlo para remediar su situacion económica, a la que Ramón les contesta que ese reloj lo tenía desde hacía 14 años que lo adquirió en una casa de empeños en la calle León de Madrid, y por nada del mundo se desprendería del mismo.

Cuando se le pregunta por su encuentro con Eugenio Navarro en Málaga, señala que efectivamente, se lo tropezó en calle Carretería, en la escalera que sube hacia el río Guadalmedina, informándole éste del enfrentamiento que había sostenido con Pascual, y que él mismo (Ramón) trató de convencerle para que volviese a la sierra.

Ante nuevas insistencias para que explique cómo fue su venida a Málaga y cómo estableció contacto con la organización, dice que fue a mediados de Julio cuando salió de la sierra malagueña, acompañado de un guía campesino, para él desconocido, que era el que servía de enlace con la Orqanización de la capital, aunque antes tuvo que estar en un cortijo del que desconoce su ubicación, permaneciendo varios días esperando que le trajeran lo ropa adecuada y dejando en este cortijo su pistola y municiones.

Acompañado de este campesino, Ramón pudo tomar el autobús Alsína que los llevó hasta la plaza de Abastos de Mála9a donde esperó a que éste lo enlazara con un individuo de la Organización y con quien después de intercambiar im-presiones, se fue a dormir al domicilio de éste ubicado en el barrio del Perchel, pero que no podría señalar ya que era de noche y era la primera vez que había estado en ese barrio. Pero dice que pudo observar que tanto éste como otros con los que posteriormente se reunió, desconfiaban de sus intenciones. Añadirá que no puede precisar datos de los entrevistados por no conocer sus identidades siendo cier-to que hubo un conato para poderse reunir con los guerri-lleros que actuaban por la zona de Alhaurín y otras partídas próximas o la ciudad, pero sucedió que por aquellos días la Guardia Civil descubrió un supuesto complot co-munista y se rompió el contacto.

Esta es la primera de sus declaraciones y en la que naturalmente, se omite si hubo o no, malos tratos durante su interrogatorio. Si que es cierto, y así finaliza, que Vías rehusa leerla, aunque no a firmarla.

Nuevo interrogatorio a Eugenio Navarro
Con estos datos proporcionados por Ramón Vías, se interroga de nuevo a Eugenio Navarro, quien entre otras cosas, señala que un dia Ramón salió de correría, junto a otro llamado Antonio Gutiérrez Sáez, y volvió al día siguiente herido por arma de fuego en ambas piernas y siendo él mismo quien dijo que al ir a un pueblo llamado Fornes, entraron en una tienda en la que pensaban aprovisionorse de calzado, y que el hijo de la dueña opuso resistencia para entregarlo por lo que hubo un cruce de disparos, a resultas de lo cual fue heri-do y le consta, porque así le dijeron, que el muchacho también lo fue en una mano.

Añade que nunca oyó que Vías hubiese dicho en ningún momento que estaban prohibidos los saqueos, secuestros o asesinatos y que tampoco es cierto el que se separaran de otra banda tres individuos para unirse o lo suya, Eugenio piensa que todo es debido a la fantasía de Ramon.

Vuelven a interrogar a Ramón Vías
Después de estos comprometedoras declaraciones, el juez instructor hace comparecer de nuevo a Ramón, quien presenta un estado lamentable, con coágulos de sangre entre los dedos de ambas manos, a lo que el juez requiere lo pre-sencia del médico José Aragonés Moreno, quien al reco-nocerle pudo comprobar que presentaba en los articulacio-nes de ambos brazos heridas cortantes, que al parecer, se había producido él mismo en la celda. Las lesiones son calificadas de leves por lo que de nuevo Ramón será interrogado.

Entre otras preguntas, el juez le dice que le explique lo que ocurrió en Fornes a lo que Ramón contesta que estando la partida descalza y con objeto de proveerse de abarcas, en unión de Antonio Gutiérrez se presentaron en un co-mercio de dicho pueblo, y requirieron al dueño para que les facilitase 12 o 13 pares, aunque no le coaccionaron ni amenazaron, pero sin duda, los propietarios debieron sospechar que eran guerrilleros pues se las entregaron y ya una vez fuera del edificio, fue cuando se les agredió desde una ventana del establecimiento haciéndoseles varios disparos del cual resultó él herido, y repeliendo la agresión Antonio Gutiérrez. Añade que él quería pagar los abarcas pero que Gutiérrez, que era persona muy vehemente, no quiso porque, según decía, los dueños se habían enriquecido con usura o costa del pueblo.

Asimismo señala, que aunque él no iba, si dio orden paro que fuesen al cortijo Cueva de Colico y al de Niche, en lo provincia de Granada, para buscar en ellos comida, ya que le habían asegurado que durante la guerra habían sido muertos en los mismos lugares un grupo de guerrilleros por denuncia de los propietarios, y sí recalca que dio instruccio-nes precisos para que no se cometieran actos violentos.

El juez le pregunta por los motivos que tenía para haber intentado suicidarse y qué objeto ha utilizado. A lo que Ramón le responderá que ha pretendido abrirse los venas ante la desesperación que le producía el trato recibido en la Comisaría de la BPS, donde se le insultó y amenazó y que se ha servido de un minúsculo pedazo de lata. Terminada su declaración, vuelve o rehusar el derecho o leerla, aunque si le es leída.

Por estos fechas, la Guardia Civil detiene en una cueva del término de Sedella a otro componente de la Guerrilla, Manuel Joya Gallego, que en sus declaraciones difiere poco de lo que ya conocemos, ya que hay algunos mati-ces que no encajan, pero que parecen estar ahí para salir del paso o llegar a confundir.

De nuevo se le hace comparecer o Ramón para que ex-plique y diga quién fue el campesino que lo acompañó hasta el cortijo donde debía esperar para ir a la capital malagueña, quién le llevaba la comida durante estos días, y cómo consiguió la documentación que portaba. A todo ello Ramón dijo desconocer lo identidad de dichos sujetos. Se le pregunta por Manuel Jurado Martin, propietario de la cédula de identificación que se le encontró, pero como siempre, dirá que no le conoce así como tampoco sobre los nombres de aquéllos que se entrevistaron con él en Málaga ya que, según explicaba, había una desconfianza mutua entre ellos.

El juez sigue buscando pruebas contra Ramón Vías y le hace entrar cuando está declarando Salvador Villena, a quien le dice si no es ésta la persona que le presentó la «Villeníca» a lo que Salvador responde que no rotundamente, pues no lo conoce ni lo ha visto nunca.

En otra nueva declaración ante el juez, nos sirve para conocer más datos de Ramón Vías pues señala que cuando se evadió del campo de concentración consiguió pa-sar o Francia, uniéndose a las fuerzas francesas que com-batían a los alemanes y que esto debió ser en 1941, ya que fue antes de la declaración de guerra a Rusia. Allí colaboró con la Resistencia desempeñando cargos como responsable de un grupo, aunque no llevaba divisas de ninguna clase. Pero que antes del desembarco america-no estaba de vuelta en África ya que tuvo que huir al haber sido condenado o muerte por un tribunal de Marsella por el delito de tener contacto con "la plutocracia inglesa y americana". También lo sería en dos ocasiones más, una por un tribunal de Argel y otra por otro de Orán, por los mismos motivos, aunque no compareció a ninguno. Re-cuerda que en el de Argel se le acusaba de estar en con-tacto con lo masonería, mientras que en el de Orán de haber formado un complot junto con otros españoles para apode-rarse de Orán, cosa totalmente incierta, y que continuó resi-diendo en esa ciudad hasta que se trasladó a España.

Campaña a favor de Ramón Vías

En estos días se había desatado en Málaga una campaña popular en favor de la libertad de Ramón Vías, apareciendo en distintos lugares de la ciudad y provincia octavillas que bajo el título: "Salvemos al héroe nacional Ramón Vías" se pedía a la población malagueña que se manifestase en su favor, y que acudie-sen o los distintos consulados diplomáticos pidiendo su libertad.

El juez le pregunta qué sabe al respecto, y si conoce a personas que en Málaga están dispuestos a ayudarle o por el contrario, que le quieren perjudicar valiéndose de estos manifiestos o lo que Ramón contesta que no conoce a na-die y que tampoco cree tener amigos, como lo prueba que en el tiempo que ha estado en la cárcel no ha recibi-do ningún obsequio.
Ahora el juez le pone delante a Manuel Joya, "El Mellao" que en sus declaraciones había comprometido un tanto a Ramón di-ciendo, entre otras cosas, que estando huido en la Sierra de Cómpeta allá por el año 1942, se encontró con unos guerrilleros mandados por Ramón, y que él se incorporó a su partido, pasando con ellos a África para posteriormen-te volver junto con Ramón y otros compañeros mas.

El juez piensa que puede descubrir algo que ha silenciado Vías, como pudiera ser una etapa anterior en la sierra, y los hace comparecer juntos ante él, pero Joya dice que éste no es el Ramón de quien hablaba ya que el otro es Ramón, pero su apellido es Aguayo y aunque co-noce a Vías, no es de ningún modo, a quien él se refería. A todo lo dicho, Ramón asiente y señala que él lo conoce, pero sólo por su apodo que es el "Mellao".Actuaciones del juez. Traslado a la cárcel y fuga
Conociendo cómo eran los jueces militares de aquella época, nos sorprende que el juez que actuó en el caso de Ramón Vías no dejase en saco roto lo sucedido en la Comisaría de la BPS con el intento de suicidio de éste, y que encargase un informe aclaratorio sobre los interrogatorios policiales.

El informe le llega el 29 de Enero y en él se especifica lo siguiente: «. . .que sometido a un constante interrogatorio, de día y de noche, por funcionarios de esta Brigada Político Social, y dado la serie de cargos que se le acumulaban por delitos de carácter gravísimo, asi mismo por las declaraciones ter-minantemente acusatorias del también detenido Eugenio Navarro, con el que se le careó en varios ocasiones, acu-sándole éste de ser el jefe de la guerrilla y haber actuado en atracos y en otros hechos delictivos, debió llegar a un estado de depresión nerviosa y agotamiento por falta de descanso, lo que debió influir en su ánimo para buscar una salida a esta situación, sin duda con el propósito de que cesaran los interrogatorios, y temiendo al mismo tiempo que flaqueara su espíritu y confesar con ello toda la verdad, es por lo que se supone que se produjera las lesiones, pero no con el ánimo de suicidarse, sino más bien con el de impresionar y ser evacuado al hospital o ingresado en pri-sión, método que suelen emplear otros detenidos en circunstancias análogas». Ramón Vías conseguría desde la carcel hacer salir una carta con su manifiesto "Yo acuso" , denunciando su situación.

La indagatoria que al pasar a la cárcel se le efectúa dice de Ramón Vías que está casado con Julia López Velasco, que su último domicilio conocido fue en Avenida Fermín Galán, siendo sus señas personales: ojos oscuros, pelo negro, casi calvo por lo parte superior, cejas al pelo, nariz y boca regular, barba poblada, estatura 1,610m.

Una fuga espectacular con interrogantes

Ramón está un tanto debilitado, pero es recibido en la prisión como un héroe, en ella permanecerá hasta el dia en que se proyecta la fuga. Según algunos entrevistados, que estaban en prisión por aquellas fechas, él no participó en lo realización del túnel pues Ramón estaba demasiado vigilado.

Queda la duda de que la huida pudiese haber sido dirigida por la propia policía para así poder eliminar en las calles de Málaga a Ramón y a otros elementos peligro-sos. Por otra parte, los que no estuvieron a la altura de las circunstancias fueron los encargados -como José Lozano "Roberto"- de lograr que Ra-món pudiese huir de la ciudad ya que tuvo que permane-cer en la misma 25 días, cuando, al ser descubierto, sería abatido tras mantener un desigual tiroteo con la Guardia Civil que cercó la casa donde se encontraba.

La fuga se produjo el día 1 de mayo y fueron 26 los presos que huyeron por un orificio que tenía su entrada en la enfermería de la prisión, disimulado debajo de una de las camas. Este tenía un metro de diámetro y vinieron a salir a unos cinco metros antes de la alambrada exterior, compuesta por dos palos unidos cada cuatro por 16 alam-bres espinosos pero que en su parte baja dejaba un espacio suficiente para que arrastrándose pudiesen esca par sin hacer ruido. A alguno la libertad le duró poco pues antes de 24 horas ya había sido de nuevo deteni-do, traicionado por el amigo a cuyo domicilio había ido a refugiarse, como fue el caso de Eduardo Álvarez Neira, quien sería el primero en aportar los primeros datos de cómo se hizo el túnel y hacia dónde escapó cada uno.

Lateral de la cárcel de Málaga por donde se practicó la fuga, desde la enfermería (Edificio en primer plano)

De entre los escapados, no todos eran comunistas, los había anarquistas y presos comunes. Una vez fuera, se distribuyeron por grupos y afinidades por los que unos tomaron el camino de la Pellejera, otros para el Puerto de la Torre con la intención de continuar en Málaga y dar atracos; otro grupo que, por ser presos comunes, dispo-nían de dinero, pensaban tomar un taxi y desaparecer de la ciudad lo más pronto posible; el resto de los fugados tenían idea de huir a la Sierra, divididos en grupos de cuatro o cinco, mientras que Ramón, junto con otros dos compañeros, se refugió en una casita de la Granja de Suárez.

Los fugados fueron 7 los siguientes: Cristóbal García González, Eduardo Álvarez Neira, Antonio jurado Loza-no, José Chicón Martín, Manuel Fernández Busto, Antonio Daza López, Francisco Marmolejo Urbano, Miguel Bernal León, Pedro López Gambero, Salvador Delgado Lozano, Luis Ferrer Casares, Antonio Alba Delgado, Juan Bisquet Andreu, Miguel Martin Cantos, Fernando Gutiérrez Rojas, Francisco González Liñán, Luciano Palomino Pastor, Manuel Joya Gallego, Segismundo Lorenzo Arrebola, Juan Pérez Román, Ramón Vías Fernandez, Manuel González Muñoz, Bernardo Aranda Rando, Antonio Isidoro Bermejo, Francisco Campos Ortiz y Francisco Molina Cervantes.

Que se sepa, ocho de los fugados, además de Salvador Bermudez, no volvieron a la prisión porque fueron muertos en encuentros con la fuerzas represivas y suponemos que el número de muertos fue superior al que exponemos.

La muerte de un mito en vida

En cuanto a la trágica muerte de Ramón Vías, se produjo al conocer la Guardia Civil que éste, junto con dos compañeros, estaba refugiado en una casa del barrio de la Granja de Suárez, propiedad de Salvador Bermúdez Luque, quien fue detenido e interrogado duramente, no quedándole más opción que declarar que, efectivamente éstos se hallaban en su casa.

Según el informe de la Guardia Civil, alguien debió avisarles de su presencia por lo que, pese a sus precauciones de seguridad, estaban preparados, entablándose un tiroteo durante el cual Salvador que iba con la fuerza represora, trató de huir con intención de unirse a los fugitivos, por lo que fue muerto.

En el mismo informe la Guardia Civil señala que tanto Ramón como sus compañeros Antonio Daza y Antonio Gutiérrez resultaron heridos, por lo que fueron trasladados urgentemente al Hospital Civil de Málaga donde fueron reconocidos por el médico de guardia, que diagnosticó el fallecimiento de los cuatro.

Con la muerte de Ramón Vías las autoridades pudieron respirar tranquilas, se había terminado con un mito en vida. Ahora bien, ¿Qué pudo suceder para que la fuga no culminase con éxito? Un autor señala que Ramón se encontraba todavía convaleciente de los malos tratos su-fridos durante las interrogatorios policiales, de ahí que fuese nece-sario que permaneciese oculto. De otro lado tenemos datos de que Alfredo Cabello Gómez-Acebo y Muñoz Lozano "Roberto", dos diri-gentes, tenían el compromiso por parte del partido de salvarlo, lo que, obviamente, no consiguieron.

Testimonios de Cristóbal Criado Moreno
Siempre nos pareció que fue Salvador Bermúdez quien, ante los métodos interrogatorios utilizados por la fuerza represora, delató a sus huéspedes, pero en el verano de 1 996, conocímos a Cristóbal Criado Moreno con quien pasé varias tardes conversando acerca de cómo era la vida en los años 40, especialmente de la Guerrilla, y en concreto sobre Ramón Vías y fue aquí cuando me entregó dos cuartillas en las que contaba cómo sucedieron los hechos.

Aquí los transcribo textualmente: "... aunque la Guardia Civil no señala quién fue el delator y dice que fue por una fuente reservada, todo apunta a que se trata de su esposo de Salvador Bermúdez... El Partido conoció más tarde el comentario efectuado por la señora Remedios, esposa de Antonio Daza y que se refería al comportamiento de la señora Bermúdez en el depósito de cadáveres del Hospital Civil, abrazada al cuerpo muerto de su marido y diciendo 'Perdóname, yo no pensé que llegaría a esto".

"Aparte de este comentario está también el de la señora Antonia, quien le contó que ese día, que iba acompaña-da de su madre, y cuando ambas se dirigían hacia la Granja de Suárez, se vieron sorprendidas a la entrada de la barriada al ver a Salvador Bermúdez, atado al tronco de un olivo con la cabeza inclinada hacia abajo, san9rando abundantemente por un lado de la cara y de la cabeza, pudiendo asimismo ver que le faltaba una oreja. Los guardias civiles que estaban custodiándolo les impi-dieron que continuaran viendo o Salvador y menos acercarse hasta é, volviéndolas por donde habían venido e impidiendolas continuar su camino.

»Esta mujer señala que su madre conocía muy bien a Salvador y a toda su familia, que era muy buena persona y todas los vecinos lo querían mucho por lo servicial que era. Si con alguíen le iba mal era con su mujer, que se había dado al alcohol, y todas las vecinas lo sabían que cuando no tenía dinero para comprarlo, vendía a empeñaba cualquier objeto de la casa, siendo su último empeño el traje nuevo de su marido, y por cuya razón discutieron llegan-do o tal grado de violencia que él terminó pegándole.

"Al día siguiente las vecinas vieron cómo esta señora, por la mañana se dirigió por la carretera de Teatinos a Puerto de la Torre, probablemente al Cuartel de la Guardia Civil y así se explica que los primeros guardias en aparecer fueran los de Puerto de la Torre. Esto demuestra que la seño-ra se vengó de su marido, denunciando que éste tenía escondidos a tres fugados de la cárcel.

«Esta mujer, al poco tiempo, cuando se dirigía a la única fuente de la que se surtían los habitantes de la zona, fue increpada por las mujeres que allí se encontraban con insultos y amenazas. Por otra parte, las vecinas le nega-ron la palabra, haciéndole el vacio par lo que poco des-pués se marchó de allí, a donde nunca ya volvió».


"Yo Acuso"

por Ramón Vías Fernández

(Desde la Cárcel Provincial de Málaga, 15 de diciembre de 1945)

¡Este es el maldito régimen franquista! Todos los hombres y mujeres del mundo civilizado han sentido estremecerse sus fibras más sensibles ante el horroroso relato de los monstruosos crímenes cometidos por las fieras hitlerianas en Belsen y Dachau.

Toda la humanidad se ha sentido horrorizada al conocer en sus mas íntimos detalles las salvajes atrocidades de las bestias nazis. Millones de seres han sentido jubilosos como acababa la dantesca pesadilla de la dominación nazi y su secuela de asesinatos y crímenes en masa, con la victoria de los ejércitos liberadores de las Naciones Unidas.

¡Pero el fascismo no ha sido totalmente destruído! ¡Aún pervive su brutal dominación en España! Cuando los países de Europa renacen a la vida democrática, nuestro país vive bajo el martírio, el escarnio y el crímen de la dictadura de HItler.
Acorralados por la repulsa del mundo democratico, por el odio unánime de toda la Nación , las fieras franquístas, al mismo tiempo que recrudecen bárbaramente el terror, tratan de falsear y ocultar sus crímenes bajo el manto de la "democracia cristiana".

¡En cada ciudad española hay un Belsen!

Yo, Ramón Vías Fernández, patriota español, combatiente por la libetad en las filas de las Naciones Unidas, condenado a muerte por el régimen de Vichy, combatiente en España en una agrupación de patriotas armados, en lucha por la libertad y la democracia, desde la cárcel de Málaga, con el cuertpo destrozado y mi carne hecha jirones por las torturas y apaleamientos, me dirijo a todo el mundo democratico, a todos los patriotas españoles, para acusar al régimen franquista y denunciar su bárbara política fascista de terror

...Mis datos biográficos:
Nací en Madrid. Hijo de gentes humildes, a los 10 años abandoné la escuela para trabajar en un taller como obrero metalúrgico, donde permanecí hasta el 18 de Julio de 1936, en que se produjo la sublevación militar-fascista.
Durante la guerra de indpendencia serví a la causa de la República con alto sentido nacional y patriótico. Al finalizar la contienda, salí de España y llegué hasta Orán, donde fuí recluido en un campo de concentración.

Más tarde, por defender la causa de las Naciones Unidas, fuí condenado tres veces a muerte por los tribunales de Vichy, en Marsella, Orán y Argel, acusándome de "¡Inteligencia con la plutocracia angloamericana y la Rusia Soviética!"
Terminada la guerra con la victoria de los ejécitos Aliados , pasé desde Orán a España en una
barca, incorporándome al combate de los patriotas por la libertad y la República.

El día 15 de noviembre fuí detenido en Málaga, por la delatación de un desertor llamado Eugenio Navarro.

Así es la Justicia franquista

Camino de la comisaría, el inspector, hijo del general López Ochoa, que dirigió la represión en Asturias en 1934, me preguntó:

- ¿Tu eres de Madrid?
Como le contestara afirmativamente, añadió:
- Yo tambien soy de Madrid y ahora nos vamos a ver las caras.

Mi entrada en la comisaría se produjo en medio de una expectación y felcitaciones al Sr. Ochoa, quien empezó el interrogatorio.
- ¿Cómo te llamas?
- Ramón Vías Fernández, - contesté.
-¿Dónde vives?
- En ningún lado, respondí.
- No empecemos así - me dijo furioso-

Como insistiera en mi negativa, Ochoa dijo a uno de sus esbirros que ya llevaba un buen rato enseñandome su vergajo de toro:
- Empieza a darle.

Durante tres horas estuvieron golpeándome en el empeine y dedos de los pies con tal violencia que parecian haber perdido la cabeza. Los pies engordaban por segundos hasta que empezaron a reventarse. Así continuaron golpeándome, hasta que decidieron darme de plazo para pensarlo hasta las diez, bajo amenaza de tremendas palizas.

A las diez y media hace otra vez su aparición el Inpector con nueve esbirros.
- Venga traerle para acá, -ordena.

E inmediatamente me colocan en medio de todos.
ti-me dice- pero en primer lugar has de decirnos dónde vives.

Aquel espectáculo me recordaba a los martarifes, cuando ya tienen colgada la res y empiezan a quitarse la chaquetas y a remangarse las mangas de la camisa: Igual hacían estos señores "defensores de la fé
cristiana".

Como me negara a dar mi domicilio, dijo Ochoa:
- Venga, tumbale en el suelo y darle.

La paliza la empezaron por los pies, apaleándome durante media hora. Como insistiera en mi negativa, Ochoa, enfurecido, me dijo:
- Di dónde vives, porque tú no sabes lo que te espera.
Hazte a la idea de que aqui nadie ha salido con vida sin hablar, porque en caso de no decirlo ahora, lo dirás luego y nosotros no tenemos prisa.

Yo continuaba negando. Después de darme diez minutos para pensarlo, volvieron todos de nuevo.
- Venga - me dijeron - y ten en cuenta que mañana duelen más los golpes y pasado mucho más.

De esta forma, palo va y palo viene , estuvieron torturándome hasta las tres de la mañana en que me bajaron los pantalones, y como consideraban "que ya estaba bien" me llevaron de nuevo al calabozo, repitiéndome la recomendación de que tenía toda la noche para pensarlo.
Al día siguiente, por la tarde, me pasaron al despacho del comisario, que llenaron de guardias, uno de ellos me preguntó qué me pasaba. Me bajé los pantalones, mostrando mi cuerpo lleno de heridas.

- Pues yo he dado orden de que no te pegaran - dijo el Comisario-. Pero claro, tú tienes la culpa por no decir lo que tú sabes-añadió-. Debes darte cuenta que eres un hombre derrotado y debes saber perder. . Detenido tú, no te deben importar los demás, y has de decir todo lo que sabes, que es mucho. Eso es saber perder, porque de lo contrario, de aqui no sales con vida.

Después de dicho esto, comenzó de nuevo el interrogatorio, sin que consiguieran sacarme una palabra. En vista de lo cual me dejaron descansar esa noche.
Al día siguiente, a primera hora de la tarde, me llevan a otro despacho donde hay cuatro individuos, que de
inmediato comienzan la sección de gritos, puñetazos, insultos y amenazas como la de: "Te vamos a hacer añicos". Después de una buena paliza y con la promesa de "préparate para esta noche", me llevan de nuevo al calabozo.

En efecto, a las diez, vista mi negativa, me meten en el cuarto de castigo,
donde cogen los vergajos y empieza la sesión.
- ¿Lo dices?
-¡No!
-¡Entonces
ponerle bocabajo!
(Los pies se me habian reventado ya, y las manos tambien.)
- ¡Ponerle en cruz!, dijeron.

Me abren los brazos y las piernas y el uno me pisa una mano, otro la otra; otro me pisotea el cuello, otro las corvas de las rodillas y con una porra se lía a pegarme como si fuera a destajo, mientras otros me patean las espaldas, y los restantes dirigen la operación. De vez en cuando me atizan alguna que otra patada en
los costados. El de la porra se baja encima de mis rodillas y empieza a golpearme en los riñones, al mismo tiempo que uno grita:

-¡Más fuerte, más fuerte!

En vista de como marchaban las cosas, yo callé y no decía ni pío, mientras pensaba para mí: "Ya pararán"
Cuando vieron que daban con toda su fuerza y no me quejaba, creyeron que ya estaba muerto, por lo que
pararon y empezaron a echarme agua. Uno decía "Os lo habeis cargado". Otros contestaban: "Pues uno menos". Entonces empezaron a quemarme con los cigarrillos, las manos, los pies y los muslos, y en aquel momento me acordaba de la democracia cristiana que ellos dicen defender. Me levantan y venga agua. Me toman el pulso y dicen: "Se le ve fatigado, pero le marcha".

Otro añadió: "No creas, que yo le di, pero bien y con ganas". Otro dijo: "Este tío como ahora no hable, dejármelo a mi". y así continuan, agua va y agua viene. Como abriera los ojos, me dijeron: "Vaya, ya se te pasa; si quieres te daremos un poco de vino". me dieron ganas de decirle "Los c....". pero quise ser prudente, porque la realidad era que estaban como fieras desbocadas.

Una vez que me puse mejor, empezaron las palabras dulces, pues habia para todos los uites. Uno se enfureció y me dijo:
- me vas a decir dónde vives, porque me cago en tu p... madre.
Y se lió a darme patadas y puñetazos en la barbilla, lo que me ha tenido tres días, sin comer por no poder abrir la boca. El que estaba mas rabioso me dijo:
- Me cago en tu madre, y echó mano a la pistola para matarme.

En vista del cariz que iban tomando las cosas, los otros le echaron del cuarto y empezaron con palabritas dulces y ofrecimientos. En vista de que no sacaban nada, y prometiéndome que la próxima sería mayor aún y que no saldría vivo de ella, me llevaron al calabozo, arrastrado por dos guardias y dos policías, donde
no podía estar sentado, ni tendido, ni bocarriba, ni bocabajo, por los dolores.

A media mañana me conducen al despacho del Comisario. Este me dirigió una serie de buenas palabras:
- Debes hablar, y se han acabado los palos. Si hay que darte cuatro tiros, se te darán aunque te lleves a la
tumba todos tus secretos.

Por la noche me llevaron a otro lugar y comienzan las torturas de nuevo hasta las dos de la madrugada que me llevan de nuevo al calabozo.
A las diez de la noche del día siguiente, dos policías y un Inspector nuevo en el asunto, empiezan a interrogarme con mucha suavidad.

Venga de ahí Ramoncillo- me dice el Inspector- ten un gesto valiente conmigo, para que yo pueda decirle a los demás: "Veis, el mas viejo y sin pegarme me lo ha dicho todo".
¡Cómo si fuera eso una lucha de gallos!
En vista de mi negativa, se lanzan encima de mi, diciendome a gritos:
- Tienes que hablar ahora mismo y si no, esta noche te espera otra mayor que la última. La Guardia Civil se encargará de ti y ya verás que pronto te aplican la Ley de Fugas.
Dicho esto, empezaron de nuevo los palos hasta que se cansaron y me llevaron de nuevo al calabozo.

Estaba ya claro para mí, que cada minuto que pasara en la Comisaría aumentaría el odio de mis verdugos, que mi vida no dependía, sino de la voluntad de unos cuantos torturandome hasta la muerte, pues yo no traicionaría a mis compañeros.
Por eso pensé friamente cómo luchar contra el terror, pues estaba convencido de que aunque me hicieran trizas no me sacarían nada. Juzgué que lo mas útil eraquitarme yo mismo la vida, evitando que me la quitaran
ellos, recreándose de mi muerte. Con la hebilla del cinturón y con los pinchos de dentro, preparé una especie de lanceta para cortarme las venas.

A las seis menos cuarto me dí el primer corte. Me envolví un trapo al brazo y me dejé chorrear la sangre en un lugar donde mojaba con un poco de guata de la hombrera de la chaqueta. Así escribí en los azulejos de la pared del calabozo. "Hago esto, no por miedo al terror, sino porque no quiero servir
juguete de escarnio para mis verdugos ¡Viva la República!"

A las siete comprobé que ya no salía más sangre, y cuando disponía a darme otro corte, sentí las llaves con que empezaban a abrir el calabozo. Un poco mareado me puse la chaqueta y fuí al despacho del Comisario, Inmediatamente me dió un mareo y cuando me vieron las manos llenas de sangre, se armó un gran revuelo
en la comisaría. Vino el médico y me dieron a beber inyecciones.
El Comisario me preguntó por qué había hecho esto, y yo respondí:
- "Es el único medio que tenía en mis manos de protestar contra el terror".

Al día siguiente el comisario me dijo:
- Hasta el Gobernador está interesado en saber dónde has vivido y cuáles han sido tus actividades en Málaga.
Yo insistí en no decir absolutamente nada. intentaron sobornarme, dándome toda clase de seguridades de que no me pasaría nada si me colocaba a su servicio. Se podía observar que de estas entrevistas estaba pendiente hasta el último mono en la comisaría. Las mujeres que hacen la limpieza decían: "Menos mal que Ramón se va mañana y podremos limpiar bien"

En vista de que no había medio de sacarme nada, me hicieron la declaración sacada a máquina donde tenía que decir porque había intentado suicidarme. Yo me ratifiqué en los motivos que me habían llevado a tal decisión, pese a que Ochoa intentaba convencerme de que dijera: "Que me había intentado suicidarme el comprender la gravedad de los delitos cometidos."

Firmada la declaración, contraria a los designios de Ochoa, éste me dijo:
- Estoy en la convicción de que eres un hombre muy peligroso para el actual régimen, porque eres firme, inteligente y organizador.

Trece días después fuí trasladado a la cárcel, donde estoy incomunicado, pero algo mejor de salud.

Firmado:
Ramón Vías Fernández
Fechado en la Cárcel Provincial de Málaga el 15 de diciembre de 1945.

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